On Photography
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‘La Fugacitat de la Mirada’
Exposición de Lluís Real en el Centre d‘Art Ca n’Oliver, Maó, del 26 de octubre al 26 de enero.
Los viejos rockeros nunca mueren. Miguel Ríos
La mirada de Lluís Real trabaja desde el silencio y sus imágenes trasmiten una visión imperfecta y
armoniosa de intimidad y de misterio.
El ojo del fotógrafo de raza está educado para observar, seleccionar y decidir: puro análisis y
síntesis. La expresión ‘instante decisivo’ es engañosa. Realmente se trata de una sucesión de
instantes o momentos con sus respectivas tomas de decisión: la idea, la búsqueda, la visualización,
la realización, la selección y, por último, el compromiso personal con lo que has hecho. Lo que
diferencia al fotógrafo de raza de la multitud de gente con cámaras que pulula por ahí es la
habilidad de atinar en todas las fases de ese hilo conductor que nos lleva a una historia.
Lluís y yo nos conocemos desde niños. Sin trabar aun amistad, en los veranos adolescentes
compeIamos en regatas de Snipe, en el puerto de Maó. Más adelante, cuando estaba en la
universidad me enteré de que él cursaba fotografía en una academia londinense. Sentí envidia, no
sé si sana o insana, porque este habría sido mi sueño. Cuando volvimos a encontrarnos íbamos ya
encarrilados en la vida del profesional. Utilizando distintos caminos, lo habíamos conseguido.
Hablábamos y hablamos el mismo lenguaje, cada uno con sus peculiaridades.
El fotógrafo de raza lo es por necesidad vital. En una de una nuestras muchas tertulias, en Maó o
en Londres, no recuerdo, llegamos a la conclusión de que la obsesión era la clave para poder
avanzar. Tio, hi ha que estar obsessionat, parece que nos estoy escuchando. Sin obsesión no hay
camino.
Esta obsesión incrustada en el ADN, que duele y da placer, es la que te lleva a poder transmitir
sensaciones a través de las imágenes. Una historia puede estar en una sola imagen o en un
conjunto de ellas. Cuando las conectas y combinas, se retroalimentan. En la exposición de Lluís hay
infinidad de ejemplos. Esto nos lleva al dilema sobre el contenido y la forma. El fotógrafo artístico
prioriza la forma, el fotógrafo narrador prioriza el contenido, la historia… pero no descuida la
forma, porque la forma es el estilo. Cuando por primera vez leí Cien años de soledad me subyugó la
fuerza narrativa de Gabo. Aquel universo mágico condensando en Macondo, el contenido, nos era
transmitido a través de palabras precisas y una estructura magistral, la forma.
Lluís y yo pertenecemos a la generación que ha trabajado analógicamente durante más de treinta
años y que en un momento determinado abrazaron la tecnología digital ante sus nuevas
posibilidades creativas. En esta exposición nos presenta temas realizados hace más de treinta años
y también trabajos recientes. El pulso narrativo del Lluís analógico es prácticamente el mismo que
el del Lluís digital, y esto se llama coherencia creativa. Invitaría a críticos de lo digital a una cata
ciega, disfrutaría viéndoles errar intentando distinguir lo digital de lo analógico. Estamos viviendo
tiempos de un postureo superficial muy imbécil.
¿Qué diría ahora Susan Sontag? Necesitamos una Susan Sontag.
Lluís mima cada una de sus fotos como si fueran sus criaturas. Trata como nadie las atmósferas.
Elige las luces y los encuadres buscando siempre el misterio. Lo deja todo abierto para que los
demás interpretemos. Sus series son poesía, nada preciosista ni almibarada. Gran parte de este
material lo conocía y lo que no conocía me lo podía imaginar. Pero hay una serie que me ha
impactado. Me refiero a esta historia sobre un modesto circo y sus personajes. Me viene a la
memoria ‘Gypsies’ (1968), de Koudelka. Y aquí tengo la sensación de que Luis pierde la timidez, se
acerca a los personajes y lo hace de cara. Deja atrás la línea sutil y silenciosa iniciada en 1973 con
la serie londinense titulada ‘Flat green bowling’. En la historia de este circo ambulante, aparte de
un cierto cambio en las maneras, junto a su blanco y negro o cromatismo desaturado nos aporta
un tratamiento del color vibrante que eleva la historia de forma magistral. Es la forma, el estilo,
potenciando el contenido. El resultado es sublime.
Hay un tipo de fotógrafo, ese que yo llamo de raza, que se busca a sí mismo en las imágenes que
persigue. De manera inconsciente se autorretrata. Transforma en espejos los entornos, los rostros,
los espacios, los paisajes, hasta las dinámicas… y se busca en el reflejo de todo ello. El fotógrafo de
raza es heredero directo de Lewis Hine (1874), Dorothea Lange (1895), Cartier-Bresson (1908),
Eugene Smith (1918), Ellion Erwin (1928), Ramón Massats (1931), Josef Koudelka (1938), Toni
Catany (1942), García Rodero (1948), Aue Sobol (1976)…
El fotógrafo de raza no es un artista, es un narrador obsesionado y solitario, comprometido con el
relato de la vida frente a la vorágine impúdica de imágenes huecas que nos invade. En estos
momentos está obligado a sobrevivir, contra viento y marea, para crear esa barrera sanitaria que
proteja nuestras memorias y las de quienes nos sucedan de tanta zafiedad.
*On Photography, Susan Sontag, libro publicado en 1979
Palma, noviembre de 2024
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2024/11/11/on-photography-111570342.html