El péndulo del toma y daca

PEDRO COLL / www.pedrocoll.com
DM 08 01 24 | 00:20

‘As bestas’ © Pedro Coll

A mis dieciocho años me trasladé a Salamanca para estudiar Derecho. Allá llegué siendo
seguidor del Real Madrid. Algo pasó, pero al cabo de unos meses me había convertido en
fan del Barça (hasta hoy), a la vez que desorientaba a mis padres escribiéndoles cartas en
un catalán macarrónico, ese catalán solo hablado de quienes no habíamos tenido la
oportunidad de aprender nuestra lengua materna en la escuela. Los que procedíamos de
área de habla catalana soportábamos estoicamente la ironía de ser llamados polacos, el
caustico latiguillo de la pela es la pela y otras lindezas cansinas. Pero recuerdo de manera
muy especial aquella tarde de domingo que fui a la central de Telefónica para cumplir con
el rito semanal de llamar a mis padres. Llamar por conferencia tenía su protocolo, podías
pasarte una o dos horas, sentado, dando vueltas, leyendo, esperando a que de un altavoz
saliera el distorsionado ¡Palma de Mallorca, cabina 4! Una pareja de grises, que parecían
miembros de la Gestapo y que mentalmente lo eran, controlaban un orden que nadie en
su sano juicio se hubiera atrevido a desordenar. Estando así las cosas de aburridas, me
llamó la atención que uno de los uniformados se acercara de manera sigilosa a una de
esas cabinas abiertas, que tienen forma de esfera, ocupada por una muchacha a la que
solo se veía de hombros para abajo. El ‘gris’ aproximó el oído con la intención de escuchar
mejor y de repente golpeó con furia la esfera, por dos veces. Como rayo apareció el rostro
aterrado de la estudiante. ¡En cristiano!, vociferó a un palmo de su cara el policía. La
muchacha dejó escapar un entrecortado estoy hablando con mi madre… ¡En cristiano he
dicho! ¡Joder!

Mi vocación por el Barça de Kubala y Ramallets y el uso de aquel catalán imperfecto que
había comenzado a utilizar en las cartas a mi familia, debieron ser motivados por ese
acontecimiento. Sin duda, la gota que había desbordado el vaso. Algo en apariencia tan
inocente como una simple gota puede desencadenar consecuencias impredecibles

El atentado de Atocha (marzo de 2004) fue un vandálico acto yihadista en represalia por el
apoyo de Aznar a la guerra de Irak. El suicida y criminal ataque a las Torres Gemelas solo
pudo ser concebido por un odio cerval, acumulado tras una larga cronología de
intercambio de agresiones de todo nivel. La respuesta de George Busch, arrasando
Bagdad, fue una venganza ciega, propia de ignorantes con poder. Fue la respuesta de USA
a la humillación del 11-S, un atentado de autoría saudí… aunque fue a Sadam Hussein y a
su pueblo a quienes decidieron hacer pagar el pato. El trio de las Azores se retrató para la
Historia con la excusa de una burda mentira. Y la actual masacre en Gaza, por muy brutal y
condenable que fuera el ataque inicial de Hamás, generará aún más sed de venganza y
violencia. Esperemos sentados las consecuencias y escandalicémonos y clamemos
venganza cuando se den.

La venganza es un sentimiento enraizado en el ser humano. Salvo la eliminación total de
uno de los contendientes, las venganzas suelen practicarse desde ambos lados en un
infinito va y ven. En los casos de Bush (Irak) y Netanyahu (Gaza) la venganza supera en
mucho la destrucción de las Torres Gemelas y la acción de Hamás del 7 de octubre
pasado. Hay que devolver siempre la bofetada por quintuplicado, me dijo una vez un
norteamericano. En este enfrentamiento desigual, el islamismo radical adopta tácticas
propias de quien se sabe más débil en el cara a cara y usa los métodos de la guerrilla. Se
vale de la infiltración social y prepara sus golpes de manera sibilina y cruel. Demasiados
vasos desbordados, demasiados lodos tras innecesarios polvos. Va a ser imposible saber
qué fue primero, el huevo o la gallina, porque para unos siempre será el huevo y para
otros la gallina.

Recuerdo la gratuita manifestación de un alto funcionario del gobierno de Rajoy, durante
los desmanes independentistas de 2017: a nosotros no nos importa que los catalanes no
se sientan españoles, nos basta con que sepan que lo son. El dedo en el ojo, la prepotencia
del que se cree más fuerte, el espíritu provocador del ¡155 y a por ellos!

Ocurre a menudo que un boomerang, lanzado con intención de hacer daño, acaba
volviéndose y dándole en la frente al lanzador. No es justicia divina, es el péndulo del
toma y daca.

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2024/01/08/pendulo-toma-daca-96633059.html