Una bomba de relojería

DM 28 02 22

Milan Kundera. Interpretación de la ilustración de Fernando Vicente para El País, 30·10·08.


Divagaciones sobre la fotografía de prensa, el uso y abuso de las imágenes, la
presunción de inocencia, en resumen, un intento de aproximación a lo ético.
La fotografía de prensa es una especialidad fotográfica de gran responsabilidad por su
alcance y trascendencia en el mensaje. Desde su aparición ha influido en el devenir de
la historia. Se trata de un impacto visual que condensa sensaciones y sugerencias tan
directas que, a veces, convierte en cierto aquello de que ‘una imagen dice más que mil
palabras’. Todos tenemos en nuestra mente imágenes surgidas de las cámaras de
fotoperiodistas, y cito las que comenzaron a evidenciar el poder de este oficio en la
historia del periodismo: el Ché de Korda, un icono indiscutible, la muerte de aquel
miliciano de Robert Capa en la guerra civil española, la niña vietnamita salpicada de
napalm, de Nick Ut, la ejecución sumaria de un guerrillero del Vietcong por un general
sud-vietnamita, que le valió el Pulitzer a Eddie Adams… Imágenes que dieron la vuelta
al mundo, que quedaron en la historia, que movieron conciencias y provocaron
trascendentes decisiones políticas. Y así, hasta nuestros días. Pero la fotografía, en
prensa, es un arma de dos filos. Para entender los peligros que comporta la mala praxis
de su uso voy a recordar lo que le pasó al escritor Milan Kundera, casi premio Nobel…
pero indefenso ciudadano de a pie.

Hace ya unos años, Juan Cruz entrevistó para El País a Jean Daniel, fundador del
prestigioso ‘Le Nouvel Observateur’, todo un referente en la prensa internacional. El
rotativo madrileño, asumiendo una encomiable autocrítica corporativa, se atrevió a
titular la entrevista con una frase de Jean Daniel que advertía del posible mal uso en el
ejercicio del poder que podía darse en su gremio: ‘La capacidad de hacer el mal que
tiene el periodista es devastadora’.

En la entrevista, Jeanne Daniel hacía referencia a la acusación periodística basada en
un simple testimonio, nunca fue judicial, que se había hecho a Milan Kundera, de
haber delatado a un compañero ante la policía checa cuando tenía 20 años. Jean
Daniel decía: “Hubo un titular junto a una gran foto de Kundera…” A raíz de eso, Jean
Daniel sacaba a colación el tema de la intrusión de la fotografía en la vida íntima de las
personas. Y añadía: “En esa información, que ‘supuestamente’ acusaba a Kundera, se
conjugaban tres cosas: la fuerza de la imagen, la fuerza del titular y la fuerza del
condicional. Quizá el periodista fuera honesto, dijo Jean Daniel, pero miren el
resultado.”

Cuando Nouvel habla de la utilización del “condicional” se está refiriendo claramente
al habitual latiguillo “supuesto”. Si alguien es sospechoso de algo, y por ello
judicialmente investigado, aún sin pruebas contrastadas, con el sumario abierto y
pendiente de sentencia que, por cierto, sería recurrible, durante este tiempo
inacabable que puede durar el proceso, el sujeto investigado puede ser alegremente
señalado por cualquiera, sea periodista o ciudadano de a pie, como “culpable”… con
tal de que se auto-proteja con el adjetivo “supuesto”.

Kundera sufrió, a sus 70 años, las consecuencias de un injusto proceso mediático, de
final inocuo, con un daño que sólo su inmenso prestigio pudo acabar neutralizando.

Una imagen no sólo puede ser manipulada digitalmente, también el uso de un granangular
o de un tele-objetivo puede potenciar o minimizar de manera intencionada. La
manipulación puede darse con el encuadre intencionado en la toma, o eliminando
posteriormente de la imagen lo que no interesa. Yo he re-encuadrado la ilustración de
Kundera, con la que ilustro el artículo, para potenciar la fuerza de su mirada. Ha sido
un uso lícito, con intención de concentrarme en la fuerte personalidad del escritor,
pero esa acción podría haber amparado una intención maliciosa. Hasta se puede llegar
a manipular una imagen sin tocarla, tan solo ubicándola con intención en contextos
determinados, ‘dejándola caer’… Y, por último, algo que no hay que olvidar pero que
siempre se olvida, que una foto es una fracción de segundo que quizá no tiene nada
que ver con el inmediato antes o el inmediato después, o sea, con la realidad objetiva,
y aquel gesto puntual cazado al vuelo puede ser interpretado aislada e injustamente
en contra del sujeto fotografiado.

En la prensa diaria se combinan constantemente textos con imágenes, es algo que
habitualmente se hace de manera correcta, en el legítimo empeño informativo,
posiblemente como ocurrió en el caso Kundera… o también puede hacerse de manera
intencionada y malévola, quizá como ocurrió en el caso Kundera. ¿Chi lo sa?, diría
cínicamente mi amigo italiano. La sutil intencionalidad a veces es difícil de descubrir,
por lo críptico que puede ser el mensaje. Y lo críptico puede acabar siendo muy
maquiavélico. Hay expertos en el manejo de estas armas. Las fotos las carga el diablo
de muy diferentes maneras y el efecto final, cómo dijo Jean Daniel, puede llegar ser
devastador.


Dicen que una foto representa la realidad, ese erróneo paradigma que circula por ahí,
pero de lo que no hay ninguna duda de que una foto puede acabar siendo una bomba
de relojería.


https://www.diariodemallorca.es/opinion/2022/02/28/bomba-relojeria-63235570.html