Con sólo aguja e hilo
DM 24 05 21
Viva Cuba Libre, La Habana, 2015. ©Pedro Coll
Recordando a Néstor Almendros*
No es raro encontrarse por las calles de la ciudad a equipos formados por fotógrafos,
modelos, estilistas, rodeados de llamativa parafernalia técnica. A menudo, el trabajo
que están realizando no precisa de tanto despliegue de medios, sin duda aquello
podría hacerse con mayor simplicidad.
Eric Rohmer, director de culto del cine francés, solía ironizar sobre el habitual exceso
de equipamiento técnico en muchas producciones. Un amigo me contó que una vez
vio cómo, en un rodaje en una calle de París, Truffaut utilizaba una simple cartulina
blanca para iluminar un primer plano del rostro de Jeanne Moreau. Aquella anécdota
quedó grabada en mi cerebro, confirmando que más rápido se aprende viendo que
leyendo y que a resultados excelentes se puede llegar con sólo aguja, hilo… e
imaginación.
En ‘Días de una cámara’ (Seix Barral, 1982) Néstor Almendros consigue dos objetivos
diferentes: nos habla de su vida, de sus experiencias, de personajes con los que tuvo la
oportunidad de trabajar y, además, nos da unas lecciones magistrales de cómo
conseguir el máximo utilizando el mínimo en la técnica de la iluminación, unos
consejos que podrían extrapolarse a la vida misma. Días de una Cámara es un libro
importante, posiblemente difícil de encontrar hoy, es un libro que debería ser leído por
todo aquel que se dedique a estas dos cosas inseparables que son la imagen y la vida.
Siendo ya Néstor conocido por su aportación en películas firmadas por Rohmer y
Truffaut, destacados exponentes de la ‘nouvelle vague’, llegó el día en que el
norteamericano Terrence Malick le llamó para ofrecerle la dirección de la fotografía de
Days of Heaven, a rodar en Canadá. Era 1978 y representaba su salto al cine
norteamericano. Como era de esperar, se encontró con un espectacular equipo de
iluminación, millones de vatios a su disposición. Sin dudarlo, renunció a todo y pidió
que simplemente le facilitaran reflectores y difusores con los que modular la luz
natural. Era el lenguaje que él dominaba, sencillez y naturalidad. Los técnicos
norteamericanos se quejaron a Malick ante tal falta de profesionalidad, pero Malick
apostó por Almendros, le había llamado porque admiraba su estilo. ‘Days of Heaven’
acabó recibiendo el Oscar (1978) a la mejor fotografía. Almendros dejaría la marca de
su exquisita personalidad estética en títulos como El pequeño salvaje, La historia de
Adele, ‘Mi noche con Maude’, ‘La decisión de Sophie’, ‘Kramer contra Kramer’ y ‘El
lago azul’, por estas tres últimas también nominado para el Oscar.
Detrás de toda imagen, al margen de su contenido e intención, existen interesantes
anécdotas que quedan guardadas en la memoria de su autor y acaban formando parte
de su más íntimo patrimonio vital, a veces tan interesantes o más que la imagen
misma. En ‘Días de una cámara’, Néstor Almendros aprovecha para compartir sus
vivencias personales y esa filosofía minimalista que impregna su trabajo. Por cierto,
Cartier Bresson, otro espartano de la imagen, con una pequeña Leica y dos lentes nos
dejó narrado todo un universo. A él debemos la conclusión de que ‘fotografiar es vivir’.
Por último, sugiero que la fotografía que ilustra este texto sea ‘leída’ con atención.
Pienso que retrata el resultado final de un proceso revolucionario histórico que
arrancó con ilusión y esperanza. La decepción de un pueblo, dolido y agotado, tras más
de sesenta años de ir en pos del paraíso que les había sido prometido y que nunca se
llegó a alcanzar. Todo esto condensado en una fracción de segundo, aguja e hilo en
estado puro. A veces, el tópico de ‘la imagen y las mil palabras’ puede llegar a ser
cierto.
*Néstor Almendros. Barcelona, 1930. Hijo de un prestigioso pedagogo, se exila con su familia
en Cuba en 1939. En La Habana se licencia en Filosofía y Letras y comienza su carrera como
director de fotografía. Descubierto a mediados de los 60 por Truffaut y Rohmer, acaba dejando
su sello personal en films históricos. Codirigió, con Orlando Jiménez Leal, el documental
Conducta impropia (1983) que revela la represión sufrida por los homosexuales bajo el régimen
de Fidel Castro. Fallece en Nueva York, en 1992.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/05/24/aguja-hilo-52175188.html