Claudia Schiffer y Barack Obama
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Barbería en Centro Habana, 1995. © Pedro Coll
Conservo en mis archivos las primeras imágenes de Claudia Schiffer posando como
modelo, algo que ocurrió en un mes de julio de hace (no quiero saber cuantos) años,
no en Seychelles, sino en Playa de Palma, para inmediatamente después convertirse en
portada no de Vogue, sino de un popular turoperador de turismo vacacional. Y, muy
importante para cubrir mis espaldas, conservo el consentimiento firmado por su
madre a causa de la minoría de edad de la muchacha en aquel momento, tan sólo
dieciséis años. Al mismo tiempo, porque siempre he denostado el estilo y el mercado
del paparazzi, he mantenido silenciada hasta el día de hoy la realidad de la imagen que
ilustra este artículo, potente en sí misma, de un Barack Obama joven, sentado en el
sillón de un barbero ubicado en Centro Habana. ¿Qué estaba haciendo en pleno
‘período especial’ este muchacho, nacido en el cool Hawaii, deambulando por las calles
de un territorio comanche en el que desde hacía ya años todo apestaba a azufre? Y
otra pregunta: ¿qué alcance y consecuencias tendría ahora esta imagen?
Lo que le pasó a Clinton con el affair del Despacho Oval hubiera sido una fruslería de
niños si los del Tea Party, en su momento, se hubieran enterado de esto. Y no digo ya
si hace unas semanas hubiera llegado a manos del golfista/golpista Donald Trump,
recién despedido de su cargo de presidente. Pura gasolina para su ira y la ira de un
montón de millones de patriotas muy patriotas norteamericanos. Esos super-neocon
republicanos desde el principio dieron por segura y difundieron la contaminación
islámica de Obama, les bastaba para ello la evidencia adherida a un certificado de
nacimiento, pero el filo-comunismo juvenil del presidente negro era sólo una sospecha
por confirmar… y esta sería la prueba irrefutable.
Tanto la Claudia de finales de los ochenta como el Barack de mediados de los noventa,
en sus respectivos momentos, sabían más o menos quiénes eran, pero lo que de
verdad ignoraban es quienes iban a ser, por lo que de manera inconsciente se metían
en jardines comprometidos sin sospechar que décadas después podrían arrepentirse
de haberlo hecho. Algo que puede ocurrirle a cualquiera.
Para evitar confusiones necesito aclarar ciertas cosas: lo de Claudia es totalmente
cierto. Constancia hubo de ello en varias informaciones bien documentadas en el
Diario de Mallorca de aquellas fechas y también en diferentes reportajes que narraron
la primera experiencia profesional de la top-model alemana, publicados en revistas
serias como Paris Match, la alemana Stern y la italiana Época. Respecto a lo de Obama
y su inconsciente escarceo con tan poco recomendables compañías, tan sólo hago mío
aquel genial dicho italiano de «si non è vero, è ben trovato».
Además de París, y más aún en los tiempos que corren, que nos quede por lo menos la
ironía y el sentido del humor.
https://www.diariodemallorca.es/opinion/2021/01/18/claudia-schiffer-barack-obama-29285226.html