Carisma y sufrimiento

DM 05 09 22

Luisa María Jiménez, bajo la dirección de Magda González, en pleno rodaje, en La Habana, hace
unos pocos años. ©Pedro Coll


Ella firma ‘la Jiménez’. Durante una estancia mía en La Habana almorzamos en el restaurante de
un céntrico y conocido hotel y no me pasó desapercibido cómo los camareros la miraban con
esa mezcla de admiración y respeto que provocan las personas reconocidas y queridas por la
gente de a pie. Al levantarnos para salir, el maitre se dirigió a ella y le dijo: ‘Ha sido un honor
tenerla aquí, con nosotros´.Luisa María Jiménez, bajo la dirección de Magda González, en pleno rodaje, en La Habana, hace
unos pocos años. ©Pedro Coll
Ella firma ‘la Jiménez’. Durante una estancia mía en La Habana almorzamos en el restaurante de
un céntrico y conocido hotel y no me pasó desapercibido cómo los camareros la miraban con
esa mezcla de admiración y respeto que provocan las personas reconocidas y queridas por la
gente de a pie. Al levantarnos para salir, el maitre se dirigió a ella y le dijo: ‘Ha sido un honor
tenerla aquí, con nosotros´.

Luisa María Jiménez. Me habían hablado de ella como actriz de prestigio. Cuando fuimos
presentados, al inicio de aquel rodaje, la vi amable pero ajena. Durante los días que siguieron,
en que me paseé como mosca cojonera entre luces, técnicos y actores buscando imágenes para
una historia personal e intransferible, siempre que la observaba la veía como si estuviera en
otro lugar, parecía ausente. Como máximo, un cruce de sonrisas. Se movía con elegancia,
interpretaba segura de sí misma, no participaba en tertulias de grupo, se ubicaba en lugares
apartados donde mantenía su intimidad, conservando así con celo el personaje transitoriamente
mapeado no sólo en su cerebro, también en su piel. Me di cuenta de que, durante aquellos días,
concentrada en la interpretación del papel que le había sido asignado, ella no era ella, era su
personaje. Y lo confirmé cuando, en este viaje posterior que al inicio de estas palabras cito, la
conocí al margen de su trabajo y descubrí que aquella mujer serena y elegante era también
abierta y divertida, valiente, transgresora y sobre todo inteligente.

La Habana es una ciudad controvertida y mítica a causa de su devenir histórico, es una ciudad
sitiada y sufriente. Cuba lleva más de sesenta años sometida a un doble estado de sitio: el que
se le aplica desde dentro y el que, crónicamente fracasado, le viene impuesto desde afuera. Al
final, el sufrimiento lo padecen la mayoría de los cubanos, que por cierto no son los que
imponen los bloqueos. Los causantes de tanto daño irreversible son, por un lado, el ‘demodé’
Partido Comunista de Cuba, interesado protector de la
‘nomenklatura/comunistocapitalista/hotelera/cubana’ y por el otro, los gobiernos
norteamericanos (republicanos y demócratas), curiosamente cómplices con el temido y odiado
Gobierno cubano en esa agresión crónica a un pueblo traumatizado para generaciones. Hoy,
más que nunca antes, sólo una burda pero efectiva policía copia de la Stasi y un ejército en
manos de caducos y privilegiados generales revolucionarios pueden impedir un levantamiento
popular incontrolado. Pero recordemos cómo acabó Ceuaucescu.

Quienes mandan, manipulan, por ideologías, por intereses económicos, geoestratégicos, por
caprichos y megalomanías, manipulan. Ucrania está siendo un ejemplo claro, un Putin
acomplejado, egocéntrico, carnicero y vengativo, ha desencadenado el sufrimiento sobre
millones de seres humanos que le importan un carajo. Miremos hacia atrás en nuestra historia
reciente, un George Busch/hijo, mentiroso, inculto y pistolero, pegó la patada al avispero de
Oriente Medio y desde entonces las consecuencias las estamos sufriendo todos. Y para más inri,
esos valerosos exportadores de democracia a ‘misilazos’, que son capaces de esposarte (o
mucho peor) por un exceso de velocidad, se la cogen con papel de fumar ante un multidelincuente
impresentable que les presidió y que puede volver a presidirles. Estos invencibles
soldados de película en color acabaron saliendo de Afganistán por piernas, si, con toda la cara
‘se hicieron un Vietnam’, porque ellos sí pueden. El que no podía era Rodríguez Zapatero, al que
tildaron de cobarde e incumplidor por sacar a sus tropas de manera precipitada del nuevo
infierno que los gringos estaban comenzando a crear (había avisado en su programa electoral).

Diferentes varas de medir, cinismo imperialista, sea del signo que sea. El pueblo siempre acaba
pagando el pato. Lo paga de manera directa (ahora toca a ucranianos, rusos y afganos) o de
rebote (lo que nos está cayendo a todos los demás). La Historia está trufada de personajes
maléficos al mando de poderes absolutos -a veces hasta disfrazados de demócratas- de
visionarios sin escrúpulos que, desde su confort cobarde (quisiera verlos a ellos o a sus hijos en
primera línea del frente), deciden sobre millones de indefensos. ¿A qué juegan estos malditos?
Como dijo en un poema un indignado Federico García Lorca, ‘¡os escupo en la cara!’.

Pongamos los pies en el suelo, relajemos el tono. El cine que se hace en Cuba se mueve dentro
de las limitaciones que su dramática situación conlleva. Porque la gente no tiene más remedio
que seguir adelante con su vida, sobrellevando tanto desasosiego. Allí, en el festival
internacional de Gibara, a dos horas de Holguín, Provincia de Oriente, nació y se popularizó el
concepto ‘cine pobre’, con todo su sentido. Sin duda esto tiene su origen en la escuela de San
Antonio de los Baños, a pocos kilómetros de La Habana, cuya fama atrae desde hace tantos años
a estudiantes de cine de otros países, que acuden a ella para enriquecerse con pinceladas de
creatividad espartana.

Personajes como Luisa María han profesionalizado su vocación, heroicamente, sorteando esas
carencias materiales y vitales y asumiendo, con estoicismo, que la vida les ha asignado un papel
brillante en un lugar difícil.

Cuando enseñé a un amigo la fotografía que encabeza el artículo, en la que ‘la Jiménez’ es
dirigida por la realizadora Magda Gonzáles (el gesto de su mano, en primer plano), exclamó para
sí: ¡Anna Magnani! El carisma sufriente de una actriz de raza.

https://www.diariodemallorca.es/opinion/2022/09/05/carisma-sufrimiento-75022852.html